28.9.07

Mujer y deporte


"Las mujeres comparten gustosas con los varones las asperezas, la fatiga y las pruebas de resistencia, escalan montañas, navegan los mares, se enfrentan al viento y a la lluvia y a las heladas ventiscas invernales con la misma despreocupación que una vez plegaron a sus apacibles preocupaciones junto al fogón... No es preciso ya, en nuestros días, hacer una apología del deporte..." (Lady Greville, jinete, 1894).
Lady Greville no era la única que así pensaba. El espíritu y el fragor de los deportes han constituido desde siempre un reto para la mujer, desde el antiguo Egipto a Grecia y Roma, desde el Oriente y Europa a las Américas. Las creaciones artísticas son valiosos documentos históricos de la incidencia de la mujer en el deporte.
Considerando que las arenas deportivas han sido, en términos históricos, patrimonio de los hombres, cabe preguntarse en qué medida resultaba la mujer deportista una excepción a la norma.
La participación femenina a los deportes estaba condicionada por factores como la cultura, la clase social, el ámbito geográfico,...
Las antiguas Olimpiadas de Grecia no sólo excluía a la mujer de las competiciones, sino también como espectadora. A pesar de ello, las mujeres competían en el estadio de Olimpia en los años que no tocaban Olimpiadas, y recibían los mismos galardones que sus colegas masculinos: rama de olivo y el derecho a que se erigieran imágenes de ellas.
En el s. XIX, gracias a la Revolución Industrial, aparece una clase media mayor de mujeres que empiezan a interesarse por el deporte. Pero, al igual que había ocurrido en el pasado, se las seguía percibiendo como seres frágiles y dependientes, que debían permanecer preferentemente en sus casas. La mujer deportista debía abstenerse de evidenciar los rasgos asociados al mundo deportivo masculino: fuerza, competitividad y el afán de victoria.
Con el advenimiento del s.XX las mujeres comenzaron a utilizar el deporte para redefinir la noción de lo femenino. Ello supuso invadir determinados terrenos antes reservados al hombre, arriesgándose abiertamente a ser censuradas.
La íntima relación entre la salud y el ejercicio físico quedó personificada por la "mujer renovada", atlética y al mismo tiempo cultivada, que surgía de los nuevos centros universitarios femeninos. Así y todo, las pruebas con alto grado de competitividad o contacto físico quedaban excluidas, al considerarse que emulaban en exceso a los deportes masculinos, de todo lo cual se derivaban desigualdades en cuanto al uso del espacio y los recursos, y las oportunidades de practicarlas , que aún subsisten.
Últimamente todas esas desigualdades tienden a desaparecer en el deporte competitivo, así que... ¿quiéres quedarte anclado en el pasado?
(adaptado del libro "El deporte femenino" de Sally Fox).